
Corría el año 1884 cuando Leon Breitling puso su primer taller en Saint-Imier, teniendo claro desde su inicios que se dedicaría a los medidores de tiempo profesionales, obteniendo su primera patente de cronógrafo de un solo pulsador rápidamente. Sus medidores tuvieron tanto éxito que pronto, en 1892, se traslado a La Chaux-de-Fonds para ampliar su negocio.